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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2004.
03/02/2004
 Otro día más y hay sensaciones, momentos, que por más que pasen los años puedes revivir, deleitarte, o sufrir por ellos como si hubieran pasado ayer... Es increible cerrar los ojos, y perderte en el pasado,en aquella noche, a orillas de la playa, sintiendo la humedad y el sonido del mar entremezclado con la música que se escapaba de los bares que rodeaban el lugar.....Y allí estaba él, tan especial como siempre: -Anda, cuánto tiempo sin verte!!!Tú me debes unas fotos..... -¿Vestida o desnuda? Una mirada, una sonrisa tímida,cómplice, y el roce de sus labios....Nos alejamos, y un caballo azabache tiraba de la carroza blanca que iba a cobijarnos. Viajamos hacia el fin del mundo. Podía ver la luz de las estrellas, una hermosa luna llena, mientras la canción de "Titanic" adornaba junto con mi bohemia aún más el momento. Los primeros rayos de sol comenzaron a deslumbrarnos, habían pasado horas, y su respeto me permitió conservar la inocencia de aquellos días. De camino a casa, nos fundíamos en un beso en cada semáforo, sin percatarnos que a veces cambiaba de color. Rojo, verde y ámbar fueron testigos de un sueño, un milagro hecho realidad. Pasé muchos otros buenos momentos con él, pero jamás podré recordar uno tan claro y que me llenara más. Hoy, después de muchos años, mientras lo relato para vosotros, puedo sentir la emoción que me embargaba, y podría repetir palabra a palabra, segundo a segundo, promesa a promesa... Él era todo un libertino, y tuvo que marcharse, por siempre. Pero dejó parte de su esencia en mi, y en la actualidad, no yacemos entrelazados, pero disfruto de lo único que queda entre los dos, amistad y la complicidad de aquellos que se han amado. Me costó siglos entender las razones que le habían encadenado a otros mundos. Y durante todo ese tiempo estuve absorbida por la desesperación, el dolor...buscándolo en otros lugares, en otros hombres...olvidando que las personas son únicas, los parecidos desconcertantes, y las comparaciones odiosas. Este artículo está dedicado al elfo.  Hoy una de mis incondicionales se ha bautizado así misma como "Tristeza", y desde estas líneas y con mi humilde condición de bruja me gustaría dedicarle este artículo solo para ella. Comprendo cada una de las cosas que ahogan tu corazón, y aprisionan tu alma...y créeme, si pudiera agitaría mi escoba y barrería todos esos pensamientos que te atormentan. No puedo acabar con tu dolor, pero prometo poner todos los granitos de arena necesarios para curar la herida! Y aunque es una frase muy típica, y la habrás oido miles de veces, se que para ambas tiene el significado de antaño: "No llores pq no puedes ver el sol, o las lágrimas no t dejarán ver las estrellas". Funcionó entonces, y funcionará ahora, como si fuera nuestro conjuro personal, nuestro pacto de supervivencia... Sólo decirte, sin adornos, que estoy ahí para todo lo que necesites. TQ!!!
04/02/2004
 Me siento a tus pies, y toda tu humedad me posee, tal afrodisiaco. Ante tu inmensidad, y en tu romance con el firmamento, puedo imaginar y soñar a mi antojo, indefensa ante tu grandeza, absorta en el infinito... Tus brazos me mecieron y jugaron conmigo en mis años de infancia, y hoy, muchos años después, me sigues acariciando, y acogiendo en tu seno, fortaleciendo todas y cada una de las cadenas que me unen a ti. Nuestro vínculo es inmortal, y cuanto más me alejo , más te echo de menos. No puedo imaginar, ni por un solo momento, no poder posar mis pies desnudos sobre ti, olvidar nuestros revolcones, y la complicidad que me ofrece tu sabiduría. No logro mantener un recuerdo sin que hallas sido tan partícipe de él como yo. Me orientastes en mis primeros pasos, enseñándome a encontrar el camino a casa, la senda para encontrar a toda la gente a la que amo, y en tu ausencia, me pierdo... Me levantaste cada vez que tropecé, y hoy, como muchas otras veces, me has devuelto la inspiración. Cómo siempre, podría pasar horas y horas mirándote con deseo, ansiosa de que el tiempo, las lluvias, y el frío viajen a otros lugares, y nuestro amor deje de ser un amor prohibido.
05/02/2004
 La montaña que veís cayó sobre mi anoche mientras intentaba digerir cada una de las letras, escuchando sílaba a sílaba la historia que me querían contar. Muchas veces, sólo oyendo, absorta en mis pensamientos y delirios... La oscuridad de la noche estaba dejando paso a los primeros rayos del amanecer, y el sueño, cansancio, y desesperación, me venció, como muchas otras veces lo ha hecho. Y es que perder el hábito, es perder el don. Lo que antes me suponía la ley del mínimo de esfuerzo ahora era similar a escalar una angosta montaña con zapatos de tacón. Y la posibilidad de arreglar mañana lo que hice hoy, ha constituido mi más severa excusa para engañarme a mí misma. La próxima vez mimaré esos conocimientos, los expresaré mejor, pero sólo son disculpas ante el temor de no haber sabido cuidar y acoger la sabiduría que otros me ofrecen. Un fracaso más en mi listay todo el esfuerzo de los últimos meses desparramado en papeles que se pierden en los más oscuros rincones...
07/02/2004
 Los acordes se perdían en el infinito, entrelazando cada una de las notas, armonizando mi alma...dejándome fantasear despierta. En ocasiones, al bajar del paraíso al que me transportaba, veía mi reflejo en el espejo sonríendo, pues sin saberlo, había pasado a otra dimensión dónde todo era como yo deseaba. Otras acompañaban mi tristeza y mi deshasosiego, permitiendo que las lágrimas empaparan mi rostro y fueran abandonando mi corazón. Porque sí, porque llorar es la única senda que encuentra el alma ante ciertas situaciones que la ahogan. Su gran don es poder cambiar los estados de ánimo...Puede dejarte volar o enseñárte el camino al agujero que te lleva a la nada. Sólo dependía de la partitura elegida tal literatura de todo tu ser. Los primeros pasos de la guitarra aprisionan el lugar, encogiendo todos tus órganos vitales. Cruzas tus ojos con los del resto del mundo, y todos sonríen. Los pies adquieren independencia y comienzan a moverse al son de la guitarra. La cadera, de alma nacionalista, le sigue en su empresa. Sin haber podido hacer nada para evitarlo te salen alas y puedes flotar, volar, ante la mirada atónita de aquellos que dicen no sentir nada. Junto a cada nota, se alza hacia el firmamento una delicada poesía, que te posee y tarareas casi sin ser consciente de ello. La repites una y otra vez en tus adentros, poniendo en tu mano lo que nadie pone, levitando... Y es que la música, sin ninguna duda, es mi mayor fuerte de inspiración. Una canción, un recuerdo, y las palabras, los sentimientos, fluyen solos en el gran rio de la vida, llenándo estas y otras páginas que poco a poco me desnudan ante vosotros.
10/02/2004
 El reflejo del alma es quizá aquel que más nos atormenta, por eso nos negamos a mirarnos al espejo, escondiéndonos tras un disfraz de adulaciones, buenos modales, y muestras de cariño infundadas. Pero ni al mismo zorro le duró la máscara eternamente... Es demasiado fácil juzgar a los demás, perdernos en sus defectos y carencias, tal si fueran cuentos escritos que podemos interpretar, como si carecieran de corazón, y constituyeran bloques de hielo perfectos. Pero pocas veces intentamos mirar más allá. Preferimos quedarnos en la superficie. Ciegos, invidentes de lo que realmente acontece ante nuestros ojos. Con veinte siglos a nuestra espaldas en los que miles de civilizaciones han sobrevivido aferrados a la fe en mitos, dioses, y personas amadas, hoy por hoy, hay algunos que prefieren tender la mano al desconocido, mejorando su imagen ante la sociedad. Y esto, aunque no lo creaís, a veces parte el corazón. Así, si creemos que alguna amiga o amigo ha pecado, en vez de tenderle la mano, nos perdemos en engrandecer sus defectos, y utilizarlo como picadero en cualquier aseo de cualquier bar. No, no soy una santa, ni pretendo serlo, pero llevo años luchando por no juzgar a las personas que amo. He perdido a mucha gente en este empeño, pues a veces el viento sopla en tu contra. Al ir a cruzar la meta de mi propio reto, una daga. Y a alguien se le rompió el espejo de no mirarse. Y de verdad os digo que la primera en ponerme delante del espejo fui yo. He visto todos mis defectos, los conozco y reconozco, y aún estoy intentando sobrevivir a muchos de ellos. Pero algunos pedazos andan perdidos por lugares inalcanzables para mi. Intento tapar mis oídos y oigo como otros se desternillan. Como ya dije en mi primer post soy Cáncer, y veo el mundo en un contrapicado, que a veces engrandece toda nodada. Quién no haya pecado nunca, que tire la primera piedra. Un abrazo a todos  Ante futuras represalias a mi artículo anterior, INSTRUCCIONES: * No sacarlo de contexto(estoy dolida). * Quien se de por aludido/a que no se ofenda. * Todos tenemos derecho a opinar, incluso los que parecemos más callados... * Y todos tenemos nuestras formas, escribirlo, en mi caso, no es de cobardes. * El ser humano es injusto, y yo como tal, también puedo serlo muchas veces. Pensaba utilizar la tecnología que me ofrece este blog y borrarlo, pero si para algo nació esta iniciativa era para decir lo que pensaba o sentía en determinados momentos, así que me pareció un gran pecado cometer tal sacrilegio. No estoy enfadada así que no busco perdonar ni recibir la absolución de nadie. Quizá mañana esto sólo sea un episodio olvidado, y puede incluso que yo sea un poco exagerada en mis modos, pero no puedo ni quiero condenarme por eso. Felices sueños!
14/02/2004
 Érase una vez tres ángeles negros que revoloteaban alrededor de una luz que había sido recompensada con unas enormes y hermosas alas blancas que le permitían volar, flotar y abrazar en un aletear el infinito. Podías sentir la inocencia del ángel blanco solo con el resplandor de sus pequeños ojos. Su olor impregnaba todo el universo, mientras ella jugueteaba con Andrómeda. Su aura llenaba de luz todas las estrellas que bailaban a su alrededor, tal luciérnagas. Podría perderme en palabras, sentimientos y poesías, y jamás podría describir la belleza a la que tal ser mitológico era capaz de transportarte. Lo que en un principio era envidia y odio procedente de la oscuridad, se convirtió en una extraña razón de ser para los ángeles negros que quedaron deslumbrados de su inusual pureza. Los tres lidiaron con sus mejores artimañas para arrastrarla hacia cada uno de ellos. Y aunque el hilo que separa el amor del odio es casi imperceptible a nuestro tacto, en el caso de los ángeles negros tan siquiera existia, pues habían sido desprendidos de cualquier capacidad de amar. Más bien se trataba de una cuestión de sometimiento, de posesión. El ángel blanco no era para ellos más que una reliquia, un premio para mostrar ante los demás y regocijarse de estar un punto por encima. La mecían y cuidaban, en su cruel intento de embelesarla. Ella se sentía privilegiada, embriagada de amor, demasiado confusa, sin poder caer en la cuenta de que no era más que un cordero para degollar en el altar de la maldad. Soñaba y reía, pero sobretodo lloraba incapaz de elegir, pues sus ansias de amar eran tales, que se debatía en un continuo devenir entre la pasión que le ofrecía el menor de todos, y la amistad y complicidad que le regalaban los dos restantes. La duda la ahogaba y sus pequeños ojos cada vez recogían un cariz más triste, mientrás un manantial de lágrimas empapaba sus alas blancas imposibilitándole volar. Un día, una luz entre las luces, se percató del estado en el que poco a poco iba sumergiéndose aquel regalo de la naturaleza, y confinó a los ángeles negros en otros lugares, tan léjanos, que ella no podría jamás volver a mirarlos. Pero el resultado no fue el esperado. Pese a que sus ojos habían sido abiertos para que pudiera observar detenidamente los fines verdaderos del mal, su bondad le hacía justificar todo lo que su corazón no podía soportar. El ángel blanco acabó en un cómodo estado de letargo, en el que sólo se escuchaban sus sollozos y en el que su vida iba llegando a su fin. Se le heló el corazón y hoy por hoy yace petrificada, junto a una gran roca que la cubrió de su esencia para protegerla. Por su lado, los ángeles negros, pese haber perdido la batalla, se regocijaban y desternillaban observando el espectaculo, mientras sus días transcurrían con normalidad. !SILENCIO! Podeís escucharlos? Encambio, el ángel blanco jamás murió, sino que permanece por siempre en el corazón de todos aquellos que padecen de desamor, evitando que su alma se congele, manteniendo la esperanza, el don de poder amar. A veces, cuando se mueve en su concha de piedra se puede todavía disfrutar de su olor, y ese día, sin que nadie pueda explicarlo, una lluvia de estrellas adorna el firmamento ante la mirada atónita de todos aquellos que no han dejado de soñar.
17/02/2004
 Como cada noche, tumbada en mi lecho, absorta en mis delirios. El cuerpo me pesa cada vez más y se va hundiendo entre las sábanas. Mis párpados dejan de obedecerme y no consigo mantenerlos en su sitio. Sólo la oscuridad y yo. El subsconciente comienza su juego. Una playa desierta. Los cantos del mar casi me hipnotizan. Sigo en la misma posición, pero mi cama ha desaparecido. Los granos de arena me impregnan desde la cabeza a los pies, y los primeros rayos del amanecer me protegen del frio, dejándome atrapada en la somnolencia. No soy capaz de distinguir nada, sino que una gran cortina de niebla lo cubre todo. Por un momento creo estar volviéndome loca, me siento sola y tengo miedo, un pavor increible a que todo mi mundo halla desaparecido. El sonido del agua al chocar contra las rocas se me mete en la cabeza, y la sensación de agonía me paraliza. Quiero gritar, pero tan siquiera tengo voz...Apartó la niebla con largos movimientos arriba y abajo con todo mi cuerpo, hasta que las combulsiones son tan fuertes que me siento desfallecer. Y entonces aparece él, a lo lejos, galopando velozmente hacia mi. Es un hermoso unicornio. El blanco de su lomo brilla con una intensidad sacada de mis cuentos de niña. Sin saber cómo ni por qué, empiezó a tranquilizarme. En pocos minutos ha recorrido varios kilómetros, y se encuentra frente a mi, mirándome fíjamente. Soy incapaz de despegar mis ojos de los suyos. Como regalo la paz. Ya no tengo miedo, y mi estado de ánimo es ahora muy distinto, parecido a tener un pie en el paraíso y saber que puedes cruzarlo, que ya eres parte de él. Me acerco sigilosamente. Tan siquiera se mueve, sino que sigue mirándome, con una expresión de amor que jamás pude ver en ningún humano. Acerco mis manos cautelosamente y ante su consentimiento, lo acaricio, lentamente, dejando que cada uno de mis dedos se hunda en su crin, recorriendo todo su lomo...y todo deja de existir, sólo él y yo. Algo llama mi atención. No sé lo que es. Comienzo a abrir los ojos de nuevo, y siento el abrigo de la manta. He vuelto, y quiero morir. Pero lo siento, sigue aquí, conmigo, y algo me dice que jamás me abandonará, que estará esperando en algún lugar recóndito a que llegue mi hora y podamos permanecer por siempre juntos. Mientras tanto, sé que él me protege, y todas las noches, al llegar el amanecer, me despierta con su luz, y solo por medio segundo, en un estado entre el sueño y la vigilia, puedo verlo. Entonces sé que todo irá bien, y que un día el amor me acunará a mi y a todos los que lo hemos anhelado siempre.
19/02/2004
 Es curioso que a pesar de haber compartido tantos y tantos años de mi adolescencia con la misma persona, jamás las letras de mis escritos bailaron a su son. Cielo y tierra, el dolor acumulado en tantos y tantos llantos desesperados, hacen que solo una palabra sea capaz de traspasar mi herida, y abrirla de nuevo. Pues pese a que siempre pregoné a otros delante de él, es cierto que su pasión me tenía atrapada, sus rarezas, sus miradas pérdidas en el horizonte, y sus silencios. Tan siquiera un te quiero, un te he echado de menos, un lo siento a tiempo, sólo la nada, y el saber que existía una dependencia entre ambos, un imán que nos atraía el uno hacia el otro, menguando toda fechoría o maldad anterior. El magnetismo era tal que recuerdo a la perfección la primera vez que la rabia y los celos enrojecieron sus ojos, dejando a la luz su alma. Él tenía claro que yo era suya, y por unos segundos fui arrebatada de su lado. Bebíamos juntos en una discoteca de las afueras de una pequeña ciudad de la costa. Él estaba respaldado por sus amigos, y yo, en mi afán de permanecer a su lado, estaba sola, pues me sentía protegida por todo aquello que él y yo compartíamos. Cuando entramos, casualidades de la vida, me crucé con el gran fantasma del pasado, y sin poder evitarlo me dirigí hacia aquel espectro dispuesta a conseguir la disculpa que bien me había merecido antaño. Pero, ¿qué decir?, soy una blanda, y cuando entrego a alguién mi corazón, siempre le dejo una parte de él para que lo conserve por siempre. Le comenté algo de ese "lo siento anhelado", pero tras una aproximación, terminamos fundidos en un fuerte abrazo y la promesa de hablar todo con más tranquilidad con un café. Cuando volví al lado de los demás, él no dijo nada, sino que me miró enfurecido, me asió de la mano(cosa que no hacía nunca en público), y me arrastró hacia la barra, pero algo me lo impedió. Mi fantasma cogía mi otra mano, y me hacía una señal para que le escuchara por un momento. Tenía pocos segundos para reaccionar y había bebido demasiado. Me acerqué al espectro, pues no podía, no quería negarle la palabra, y volví lo más rápidamente posible con quién realmente quería estar esa noche, aunque no lo estuviera demostrando. Cuando salíamos de la discoteca ambos buscábamos excusas para no regresar a casa directamente, pero parecía imposible deshacernos de uno de sus amigos. Decidimos ir a un sitio apartado de la civilización donde poder seguir la marcha, con la música del coche acompañándonos y aquel personajillo que no se decidía a irse a casa y dejarnos un rato a solas. En un momento de las noche, tras muchas horas de fiesta, me acerqué a él para indicarle que debía ausentarme un minuto, para que supiera dónde estaba y vigilara que no viniera nadie. Sin ton ni son, recuerdo verlo acercarse ferozmente , y sin decir palabra se abalanzó sobre mi , me plantó un beso con tal pasión que pude sentir su rabia acumulada durante la noche. Su amigo nos miraba atónito, y por fin decidió marcharse. Sé que mucha gente se compadeció de mi por soportar muchas de las cosas que él me hizo, otros sufrían al ver mi pasividad, y el dolor que acumulaba día a día. Pero nunca nadie jamás entendió las cuerdas invisibles que me ataban a él con fuerza. Creo que él lo sabía, en aquellos tiempos yo era la única persona que conocía y comprendía sus inquietudes. Yo había recorrido parte de mi camino, pero él solo había puesto un pie en la senda, y todo su ser le pedía, le exigía que recorriera más mundo. Si en aquel momento se hubiera entregado a mi, jamás hubiera sido libre. Todavía no había llegado su hora, sino que le sorprendió años después de manos de otra mujer. Sólo espero que sea feliz, y que en un pequeño rincón de su corazón sepa que él conservará una parte del mio eternamente.
21/02/2004
 Una vez fui niña, aunque apenas conserve recuerdos de ello. No logro desenterrar las imágenes de los juegos con mis hermanos, el cariño de mis padres o la complicidad con mi hermana. Tan sólo unas fotos abandonadas en una caja de cartón y viejas anécdotas dan crédito de que tuve una infancia. Me esfuerzo y lo único que atraigo hacia mi son unas sensaciones, un temor que me acompañó durante toda mi niñez. He guardado esto con recelo, en la intimidad de mi alma, y hoy, no podría explicar por qué, necesito compartirlo, dotar de libertad a ese secreto a voces. Siendo niña, en la noche, me embriagaba la oscuridad. Cuando mis ojos se acostumbraban a la falta de luz, y podía volver a abrirlos, una sensación se desasosiego me invadía. Podía notar como algo me vigililaba, mientras las sombras bailaban a su alrededor. Sabía que tan sólo alargando un brazo sería capaz de palparlo. Sólo era una niña, inocente, y el miedo a lo desconocido hacía que mi pequeño cuerpo temblara. Entonces me escondía bajo las sábanas, suplicando a cielo y tierra que aquella presencia desapareciera, y sollozaba, pidiendo a gritos protección. Cuando despertaba a la mañana siguiente una parte de ese temor seguía en mi, haciéndome diferente de mis hermanos que jugaban, disfrutando de sus años de infancia. Pronto me gané la fama de "llorona", pero era incapaz de explicarles el sentido de mis llantos, pues tan siquiera yo era consciente. La sensación de ser diferente, la incapacidad de hacerme entender, y mi timidez hicieron que las lágrimas aparecieran cada vez en intervalos de tiempo más pequeños, yendo perdiendo día a día su razón de ser. No sé cuándo, ni cómo, pero el manantial de llantos un día se secó y seguí una infancia de lo más normal. Una noche en vísperas de un examen, estudiaba en el salón. Sólo yo, rodeada de papeles que debía memorizar, y un silencio sobrecogedor. Toda mi familia descansaba en sus aposentos. El sueño me estaba venciendo. Me levanté y dejé mi vista plantada en la pequeña terraza que daba al exterior. Entoncés lo ví de nuevo, había vuelto. Me miraba. Quedé paralizada, no podía cerrar los párpados, y ninguno de mis músculos obedecia. El dolor que desprendía aquella presencia dañó mi alma y una lágrima recorrió mi mejilla. Tan solo el temblor de mis piernas y brazos daban crédito de que mi corazón seguía latiendo. No sé cuánto tiempo estuve así. El sudor bañaba toda mi piel. Tenía miedo, un pavor que todavía hoy me deja boquiabierta al recordarlo. En cuanto recuperé algo de movilidad corrí hacia mi cama, cogiendo con fuerza las sábanas y envolviéndome literalmente bajo ellas, no dejando que tan siquiera un cabello viera la oscuridad. Pero eso ya no era suficiente. Fue la noche más larga de mi vida, y pese a que no podía verlo, sabía que seguía ahí vigilándome, mirándome de una forma enternecedora pero al unísono la más triste que os podaís imaginar. Durante mucho tiempo esperaba a que mi hermana durmiera y encendía la lámpara de la mesita de noche, pues la luz me protegía de las sombras de la oscuridad. Sólo así era capaz de dormir. Cuando mi hermana se desvelaba la apagaba gruñona. Pero ya no importaba, pues ya estaba sumergida en el sueño, y al volver a abrir los párpados estaría abrigada de las luces del nuevo amanecer. Con los años me he acostumbrado a que esa presencia desconocida me vigile, y muchas de mis pautas de conductan hacen latente el miedo que aún conservo. Cuando llego de madrugada recorro toda la casa hasta llegar a mi habitación en un abrir y cerrar de ojos, procurando no mirar a mi alrededor, intentando alcanzar lo más rápido posible la burbuja que me aisle. Jamás he vuelto a estudiar sola en el salón, sino que lo hago en el dormitorio, pese a las molestias que puedo ocasionarle a mi hermana. Procuro llenar el silencio de música para no sentirlo. Nunca duermo con ningún armario, puerta o ventana abierta, y a veces, escribiendo para vosotros noto como mis dedos tiemblan sobre el teclado, me giro lentamente, y sé que esta ahí observándome, vigilándome sigilosamente, como ahora. Me adula pensar que puede que tenga un sexto sentido, pero no me lo merezco porque no soy capaz de comprenderlo. Quizá es por eso que temo tanto la soledad. O alomejor, simplemente, estoy loca.
23/02/2004
 La luz que mi alma tuvo antaño, pierde su intensidad día tras día. Regalé mi vida, mi inocencia al primer postor,y no me queda nada, tan solo recuerdos y una montaña de preguntas que asedian mi mente. ¿Por qué no funcionó?, ¿qué hice mal?, ¿que no le dí?. Cuando lo ví, después de tantos años, y sentí el fuego de sus ojos clavado sobre mis labios, no me pude apartar. Lo dejé acercarse lentamente, y el mundo desapareció bajo mis pies, me sentía flotar. Supongo que es demasiado fácil embadurnar a una chica tan romántica y bohemia. Durante los siguientes días después de nuestro reencuentro caminábamos cogidos de la mano, bromeábamos con la picardía de aquellos que en el pasado se amaron, y sobretodo me abrazaba continuamente. Sus brazos alrededor de mi cintura, fuertes, me mecían en un estado semiincosciente de felicidad, y si alguién me hubiera concedido en aquel momento algún deseo, lo único que hubiera querido es conservar ese abrazo eterno, por siempre. Quería ser suya de nuevo, pero la daga que él mismo clavó en mi corazón en el pasado, se removía, avisándome que no sería capaz de superar otra herida de tal embergadura. Cuando nos conocimos, me causó tanto tanto dolor, que me sumergí en un estado de silencios contínuos, en el que cualquier gesto o palabra desataba mis llantos de desesperación y agonía. Pero lo había echado tanto de menos, que no quise escucharme. Me repetía una y otra vez que esto iba a funcionar. No podía detener todo el amor que había en mi lidiando por estar a su lado. Lo amé y me deje amar. Pero un día, no distinto a los demás, en el que nos habíamos abrazado y besado como los anteriores, me cogió de la mano, y solo viendo sus ojos supe que tras ellos estaba el infierno dispuesto a poseerme. No siento nada fuerte por tí, dijo. Tropecé y me precipité al vacío. Tras esto, mi empeño por retenerlo propiciaba encuentros entre los dos, pero estos se alejaban años luz de lo que yo realmente soñaba. Acepté todas sus reglas, mentí sobre mis sentimientos, y me conformé recogiendo las migas de lo que él me ofrecía. Pero estas situaciones no pueden durar eternamente. La pesadilla duró dos años. Pero al fin, como estaba escrito, terminé de perder algo que realmente nunca fue mío. Lo perdí a él. Pese a que todavía duele cuando os lo cuento, aún hoy consigo sentarlo frente a mi en cualquier cafetería, ser su amiga, ofreciéndole todo mi ser, mi confianza, y mi hombro cuando necesita llorar, y me pregunto ¿qué hubiera pasado si él me hubiera amado?. Silencio...la música suena, y mi alma llora.
24/02/2004
 Tumbada en la cama, abrazada a la almohada, observo absorta cada uno de mis "cazasueños", y todo su significado me balancea en un estado de misticismo. El sueño me vencerá, y las pesadillas que me acompañan, como cada noche, volverán a mi. Es por eso que los compré, pues pese a que distan mucho del cazasueños auténtico, creo ferviertemente que me protegerá, como lo hacía con los antiguos chamanes. Me imagino sus plumas bailar en una danza y melodía tan hermosa, que todas las fuerzas negativas no serán capaces de no sucumbir a sus encantos, y una vez allí, quedarán atrapados, y dejarán de soplar en mi oído, y por fin, podré descansar. ¿Pero quién o qué me da a mi potestad para encarcelarlos? Quizá en lo más profundo de ellos, halla una pizca de bondad, y mientras sea así, habrá esperanza. Por eso, cada mes, después de la primera noche de luna llena, dejo que los rayos de sol le muestren el camino a la libertad. Me despido de ellos, y sé que, buenos o malos, me recuerdan que sigo viva. Y eso es lo mismo que me ocurre con mis ángeles negros, elfos, o como quiera llamarlos. Un día se marcharon sin despedirse, y aunque, a veces mi corazón os abre la puerta embadurnado de melancolía, y podeís ver mis heridas, los rememoro con dulzura, los vigilo y cuido en la distancia, e incluso en ocasiones los anhelo en un silencio sonoro, que les grita desesperada que vuelvan. Un minuto nada más, un minuto antes de irte...
25/02/2004
 Sus ojos miraron directamente a los míos, y tras estar seguro de que seguiría su mirada, recorrió todo mi cuerpo de arriba a abajo. No tardé en sonrojarme al ver su sonrisa pícara, maliciosa. Sabía lo que yo sentía por él, oyó de mis labios la confesión de pureza, y sabía que mi misticismo y románticismo le exigía más de lo que le había bastado ofrecer en otras ocasiones. Dejé que me acariciara, lentamente, y sus dedos recorrieron con cuidado y esmero todo mi cuerpo, allá donde nunca nadie había estado. Temblaba, no se si movida por el nerviosismo de la primera vez, por la excitación o de plena curiosidad. Puede que una mezcla de todo. Y es que pese a mi bohemia, yo deseaba tanto ese momento como él. Y, ¿por qué no decirlo?a mi también me encanta el sexo, puede que por razones distintas a las personas con las que me he encontrado, pero cada uno posee su propia balanza, y decide, con plena libertad, con qué quedarse después de cada experiencia. Recuerdo de él su picardía, las palabras cómplices que recalcaban todo lo que nos estábamos ofreciendo, la canción de "Titanic" sonando en la radio, y su experiencia, pues me dió placer y me enseñó cómo dárselo a él. Dos personas fundidas en una. Confianza plena. Cada persona es un mundo, y mucho más cuando se trata de sexo. De su sucesor rememoro contínuamente su pasión, su entrega, y el don que me ofreció eligiéndome como guardiana de su inexperiencia. Fuí la primera mujer que estuvo con él, aprendió en mis brazos. En cambio, mi logro no fue ese, sino conseguir que su mirada, que descansaba siempre en el horizonte, se cruzara con la mía, descubriéndome sus maravillosos ojos verdes que me permitían perderme en la profundidad de su alma, en la cárcel en la que nunca había dejado entrar a nadie. Yo estuve allí, y por eso quizá, mi entrega hacia él fue la mayor de todas. ¿Qué deciros de mi última relación? Todavía no estoy en potestad de elegir un momento, pues aunque se terminó el amor(si es que lo hubo alguna vez), el sexo sigue ahí. Sé que mi manía por recordar las cosas como sueños me llevará a adornar, aromatizar y embadurnar la realidad. Palabras bonitas, mensajes cómplices...da igual. A veces, viajo meses atrás y nos recuerdo abrazados en la cama, durmiendo, desnudos...quedando completamente embriagada de una seguridad y protección desconocidas hasta entonces. Y quedan muchos momentos por venir, y otros que se irán irremediablemente, constituyendo pasajes de mi propia historia. A día de hoy, sólo sé que no sé nada, y que cada vez, es la primera, o por lo menos conserva parte de esa esencia. Si hay por lo que hemos de sentirnos felices es porque somos capaces de compartir algo tan especial, entregarnos y abrir los brazos a la entrega, en una palabra amar. ¿Sexo por sexo? Amar no implica siempre eternidad, puedes hacerlo solo en un devenir entre el anochecer y el nuevo amanecer, lo esencial es la magia que seas capaz de desprender y el anhelo de deleitarte con el encantamiento del otro, la seducción en su sentido más amplio.
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