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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2004.
01/03/2004
MIENTRAS ME ESCONDÍA Érase una vez una niña feliz, a quien el color rosado de sus mejillas infladas, y el grosor de su cuerpo, le daba un cariz especial, saludable, que no es poco. Ignorante a estereotipos, complejos, acumulando sueños y esperanzas día a día, embadurnada de los cuentos de hadas, palacios, y mundos mágicos... Pasados los años, un día, se miró al espejo, y comenzó a llorar, incansable, y decidió que debía dejar de ser así. Su imagen la repudiaba, se odiaba, y ahora comprendía porque nadie la quería, o eso creyó ella en su día. Se sumergió en el silencio eterno. Dejó de hablar, pues se avergonzaba de todo lo que pudiera salir de aquellas enormes curvas con las que le había tocado cargar. Y se propuso cambiar, aunque muriera en el intento... La comida era su mayor enemigo. La perseguía a la luz del día y en la oscuridad de la noche, tentándola, intentando que nunca pudiera llevar a buen término sus propósitos de metamorfosis. Pero ella huía, se escondía tras cualquier puerta, y sentada en el suelo con su cabeza entre las piernas, lloraba y lloraba, sin parar, incansable. Corrió, corrió tan deprisa que logró perder de vista a su adversario. Sus tripas sonaban en una amarga melodía que ya no era capaz de oir, y cuando sus piernas flaqueaban y debía concederle un capricho de supervivencia a su estómago, la culpabilidad la embargaba, la envolvía, encadenándola aún más al camino de la muerte, al que sin saberlo, podía estar acercándose a pasos agigantados. Un capricho, constituían dos días de penas, tres a lo sumo, lo suficiente para volver a sentirse desfallecer. Prohibió su reflejo en los espejos, y dejo de mirarse. Sus ojos mostraban cada vez un cariz más triste, y hundido. La ropa comenzó a quedarle enorme, y sintió vergüenza, pues dejó de conocerse, se convirtió en una extraña en su propio cuerpo. Ella se vestía con unas medias, un pantalón encima de otro, varias camisetas, para disimular, rellenar ese cuerpo que ya no era suyo, pero su rostro, sus manos huesudas, su tristeza,la delataban. Su larga cabellera rizada, en pequeños tirabuzones, quiso acompañar a la pobreza de su alma, y empezó a morir, cabello a cabello, perdiendo el brillo que siempre tuvo. Pero nada importaba... Consiguió salir del pozo sin fondo al que se estaba acercando, gracias a mucha gente que todavía conserva a su lado. Hoy por hoy, el reflejo del espejo me devuelve mi imagen, y aunque arrastro ciertas secuelas de aquellos años, me miro con timidez, de reojo, desnuda, y me acepto tal como soy, aunque sé que todavía conservo una parte distorsionada de mi misma. Ahora, los altibajos en mi peso son mínimos, y supongo que se puede decir que me encuentro dentro de los estereotipos. Como en todos los casos, esto siempre depende de los ojos que te miren, y del amor que se pueda leer tras ellos. Desde aquí, gracias a todas aquellas que estuvisteís ahí, día a día, cargando con mis cambios de humor, mis lágrimas, y sobretodo mis silencios contínuos. No sé si me quiero más a mi misma, lo que si tengo seguro es sí que os quiero a vosotras. En verdad, puedo decir que tengo más de un ángel de la guarda. Y también un abrazo enorme a todos aquellos que os acercaís al blog, día a día, y me mostraís que hay un mundo hay afuera, con gente a la que merece la pena conocer y querer. Ups, me volvió a salir el lado cariñoso...;P
06/03/2004
DESCONFIANZA Es muy temprano, la luz ténue de la luna le da un tono grisáceo al ambiente, y mis ojos, mi cuerpo, toda yo, implora unas horas más para dormir, pero el autobús no espera. Subó en un estado semincosciente que me tambalea de un lado a otro, buscando un asiento junto a la ventana. "Kiss Fm" suena en la emisora, y la música me rodea como una gran bocanada de humo. Apoyo mi cabeza en el asiento intentando dormir, cierro los ojos, pero temo no poder despertar y pasarme mi parada. Observo el paisaje absorta. El clima y la melodía que escucho me traen demasiados recuerdos. No sé qué tienen los viajes, pero me ponen melancólica, aunque la distancia a recorrer sea mínima. Una lágrima asoma, me giro intentando evitar miradas indiscretas que puedan descubrirme, pero tras quince minutos casi todos se encuentran en un estado de letargo. Sólo algunos charlan, y están tan entusiasmados en la conversación, que no constituyen un gran peligro. Había sido una noche demasiado dura emocionalmente. La realidad, cruda, a veces daña hasta al mismo diablo. Y es que ya no pedía nada, porque no esperaba recibir nada, y en tal caso había perdido hace meses la magia, y lo que quedaba se sostenía sobre una cuerda demasiado floja para soportar el peso de ambos. ¿Es qué no confias en mi?Lo hice. Pero jamás me explicó dónde estaba el límite, hasta dónde y cuánto debía confiar, en qué maldito punto debía dejar de hacerlo y en cual no. Y es que, si algo me ha enseñado el poco sentido común que pueda llegar a tener, es que no puedes repartir la confianza en fragmentos, y recoger solo las partes que quieres o de las que te puedes beneficiar. Porque quizá los trozos que dejas son precisamente los que yo quiero, los que necesito conservar y viceversa. Ambos nos escandalizamos de mi frialdad, pero la delgada línea quebró justo en el punto donde yo me había acomodado, y caí. Ninguna escalera, ninguna fuerza sobrehumana podría elevarme de nuevo a tus brazos en la mismas condiciones de antaño. Me decidí a olvidar, pero lo siento, la tormenta, los relámpagos, bombardean mi alma. Perdonado sí, olvidado no. Y la confianza, en nuestro caso y muy a mi pesar, yace bajo tierra, enjaulada en las llamas del infierno, mi propio y personal infierno. Y mis dedos, que en aquel entonces rozaron el cielo, se lamentan, lloran en silencio, porque anhelan rozar tus labios, caminar lentamente sobre tu rostro, acariciarte. Pero lamentablemente, tú ya no eres tú, y yo tampoco soy yo. Tan solo somos una huella de lo que fuimos, y de lo que pudimos llegar a ser. Lo sé, no lo entiendes.
08/03/2004
EL FIN Salí al balcón, y ante mi solo el mar y las montañas abrazándose, nadando en la armonía, rozándose, amándose incansablemente, marcando el principio del fin. La marea sube en la noche, y la niebla desciende, y solo así, en ese instante, pueden acariciarse, balanceándose entre la lujuria y la locura...y ese olor a humedad nos embriaga a todos. Oí sus pasos, y pronto sus brazos rodearon mi cintura. Sus labios recorrían lentamente mi nuca, no quería girarme, pues sabía que me perdería en sus magníficos ojos. Miré la mar, y dejé de envidiarla. Sonriendo le susurré, y una inmensa ola chocó contra las rocas. Sentí que me había contestado, algo dentro de mi sabía que así era. Me desnudé ante él, y me deleité observando cómo me miraba. Sus ojos ahora eran míos, y mi cuerpo, tembloroso, adornado de pudor, era tan solo una extensión del suyo. Se acercó cautelosamente, pidiéndome permiso en silencio. Perdió sus dedos entre mis cabellos, recorrió mis labios con sus yemas de un lado a otro. No podía soportar la tensión, y le robé un beso. Sonrió, me miró con ternura. Pasamos horas y horas besándonos, saboreando la dulzura, oyendo nuestros latidos acelerarse. Sus manos, expertas, descendieron camino a mis pechos, y mis ojos observaban cómo sus labios se perdían en ellos, con lentitud, jugando a mirarme, perdiéndonos el uno en el placer del otro. Eché mi cabeza hacia atrás, arqueando mi espalda, ebria de placer. Me sostuvo entre sus brazos y me dejó caer muy despacio sobre la cama. Seguía muy cerca mía, tanto que podía oler, sentir, y ver su excitación. Sus ojos, encendidos en llamas, jamás perdieron su don, su dulzura. Me susurró algo al oído y se tumbó sobre mi. Nuestros cuerpos yacieron entrelazados hasta hacernos levitar. Pasamos horas y horas sin poder dejar de mirarnos, con nuestros dedos entrelazados, ajenos a todo. Sólo él y yo, guardando el momento en la caja fuerte de nuestra memoria. Doy vueltas en la cama, te busco, suplico a cielo y tierra que vuelvas, pero has dejado de oírme, y ahora únicamente las sábanas rozan mi cuerpo. Abrazo la almohada con fuerza, intentando ahogar mis sollozos, pero solo consigo poner un pié en el vacío. Me incorporo, salgo al balcón, pero ya no huele a nada...Corro por los pasillos, registro todos los rincones, pataleo como una niña. La calle vive en la penumbra a estas horas, voy de un lado a otro, enfurecida, empapada en lágrimas. El cansancio puede conmigo y desfallezco en mitad de la nada, sobre el asfalto. Todos duermen. No hay camino más arduo que el del olvido. Hoy voy a pensar en ti, únicamente en ti...
15/03/2004
SOLA Tumbada en la cama, harta del calor de las sábanas, pero sin ganas de levantarme, queriéndo que los días pasen, y que la situación cambie. Duermo horas y horas, pero el deshasosiego y la melancolía sigue ahí. Y es que mis artículos son tristes, porque es así como me siento, ¿qué me pasa? tan siquiera yo sabría responder, hay cosas para las que no se tienen respuestas. Miro a la gente de mi alrededor, sonámbulos, ciegos, y me pregunto si esa ceguera también me abarca a mi. Seguramente sí. Las paredes se estrechan, acercándose muy lentamente, creándome una situación de claustrofobia. Bajo a la calle, zombie, y me encuentro perdida, no tengo a dónde ir. La soledad me embriaga, me hace suya. Corro entre la multitud, y su contacto no me hace sentir más viva. Me ahogo en un grito silencioso, y camino hacia el mar. Me siento en la orilla, y lo miro, buscando respuestas, esperando, pero solo siento el silencio. Un escalofrío recorre todo mi cuerpo, y vuelvo a la madriguera...Las paredes casi se tocan ya, y no puedo respirar. Empiezo a ponerme más roja de lo normal, el nudo de mi estómago avanza hacia mis pupilas, pero, a veces, no te quedan lágrimas. En cambio, la sangre hierve en tus venas, y tu propia rabia te condena. Porque no, no quieres estar así. Recuerdas un comentario de antaño, en el que te adulaban porque siempre sonreías, aunque el viento no te fuera favorable, y buscas desesperadamente esa sonrisa, pero no debió ser tuya, sino de otro, quién sabe. Chillas, pides cosas, pero realmente no estas segura de pedir lo mismo que ofreces...Quizás es que no das nada, y por eso no recibes. Puede que en mi burbuja de protección, halla creado tal velo que realmente sea yo quién no soy capaz de ver, de oír, no lo sé. Ha sido un mal fin de semana, en el que las páginas de mi historia permanecen y permanecerán en blanco por siempre, dónde no hay nada que escribir, y esa blancura brilla con tal fuerza que daña mis ojos. Odio la soledad no deseada, qué se le va a hacer...Mañana será otro día, y me perderé entre la multitud, sonreiré, intentando hacer ver que soy feliz, que no necesito a nadie, que puedo sostenerme en pie. Leeré esto, y sentiré que me equivoco, que merece la pena estar aquí, y que puedo ver las cosas tras un cristal que no sea negro...Lo sé.
17/03/2004
YA NO RECUERDO Ya no me acuerdo de que color eran tus ojos, ni de tu risa ni tu prisa por darme un beso...(Estopa) No recuerdo tu nombre, ni el de muchos otros que vinieron después. No pienso en ti nunca...El tiempo y el olvido son como hermanos gemelos, ya ves... Sólo sé que nuestros ojos se hallaron, nos acercamos, mudos, borrachos, y nos besamos incansablemente, ajenos a todos los que nos rodeaban, con la música ensordeciéndonos. De Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia, que más da. El caso es que solo por una noche fuimos el uno del otro, y nos abrazamos sabiendo que era la primera y última vez que compartiríamos algo. Jamás te eché de menos, ni necesité de tu compañía, pues ambos éramos actores de un cuento sin principio ni fin. Me perdí en vuestros ojos, intentando recordar, ver su profundidad, descubrir vuestros secretos, y os oculté los mios. Solo sé que el día que nos vimos, déjamos de vernos también, gran paradoja. Muchas veces sonreí y me quedé inmóvil, saboreé el momento con ternura. Otras, corrí, huyendo de ti, haciéndo como si nunca nuestros labios se hubieran unido. Porque sí, porque en ocasiones no hay nada después de ese beso, tan solo la humedad de nuestras bocas, y muerto cualquiera atismo de ternura, dulzura o amor inventado solo esta la nada, el vacío. Intento dibujar tu rostro en mi memoria, pero todo está borroso. Tan siquiera sé si fuiste real o el reflejo de lo que mi corazón anhelaba. No tendré que echar de más lo que nunca eché de menos...
27/03/2004
¿ÁNGEL O DIABLO? A la luz de una vela el sonido de las teclas retumba en una oscuridad silenciosa. Callada y vacía como yo, lidiando entre la indefensión y fortaleza que alternan indiscriminadamente. No veo nada, pues no hay nada tras estas cuatro paredes. No oigo, pues hace siglos que dejé de escuchar. No siento, simplemente porque ya no amo. Abandonada a la crueldad de la espera, al dolor del desamor y a la maldad de la melancolía llevada a sus términos más extremos de tristeza. Dos caminos que convergen para luego volver a separarse, a distanciarse hasta el infinito. Te miro, sonries, seguro de ti mismo, y tus ojos hablan para mi en el idioma de los corazones rotos. Me susurras que no me amas y me pregunto si eres o has sido capaz de amar alguna vez. Inventas y relatas historias de terror, y yo tiemblo con la sola idea de que la ficción que describes no sea más que una parte de tu propia experiencia. Mi alma se estremece, lacrimea, pero ya no es capaz de gritar, de protestar, encadenando a la nada todo el halo de rebeldía que la caracteriza. Recoges los únicos pedazos de tu existencia que te son necesarios para sobrevivir, y entre ellos ni tan solo una foto mía, un recuerdo, únicamente un blanco pulcro en las páginas dónde debería contar nuestra historia. Decidido, te diriges por el camino más ancho, más pedregoso...prometo seguirte, hacerte mío, y pese a que mis pies desnudos tropiezan, sangran tras de ti, no puedo alcanzarte. Alargo mis brazos, mis manos, pero cada vez estas más lejos, y la distancia llega a ser tal que tan siquiera puedo verte... Pataleo enfadada, humillada, atrapada en el rechazo y me culpo por todos los te quieros olvidados ahora y en el pasado. Porque no solo te los negué a ti, sino también a los que te precedieron. Porque lo que para otros son solo palabras a mi me suponían desvelarte que eras dueño de mi alma. De nuevo el silencio...La llama empieza a contornearse sensualmente...disminuyendo su baile, abrigando la mecha, hasta que perece y me abandona en la más temible oscuridad. Aspiro el olor de la cera, y por más que acerco tus camisas a mi nariz ese perfume barato del tres al cuarto con el que te acicalabas tampoco existe ya...Sólo la vela, la mesa, la pantalla y yo...fundido en negro!
29/03/2004
DORMIDA Las lágrimas empapan la almohada, que se tiñe de un negro producto de un mal maquillaje en un intento de ocultar mi fealdad... Escondida entre adornos cotidianos, maquillaje barato, y ansias de ti, no logro alcanzar la belleza interior necesaria para atarte a mi eternamente. Me miro al espejo, y cuento los defectos por miles. Culpo a mi cuerpo, y un cúmulo de efectos secundarios arañan mi alma. Discuto con mi conciencia, que cargada de razón y frialdad me recrimina el no tener valor para hacerme respetar, el haberme abandonado a la humillación elevada a la enésima potencia. Nadie te querrá mientras tú no te quieras a ti misma, me dice, y el nudo de mi estómago se desata y lloro indefensa, incapaz de dar tan siquiera un paso hacia delante. Tal vez, tres hacia atrás, que no hacen más que hundirme un poco más. Y sí, es que hoy estoy triste, pues me volvió a faltar ese abrazo, ese roce de tus labios suficiente para que mi corazón te defienda a capa y espada, y en consecuencia yace mudo,oculto entre las sábanas, ensuciando mi rostro, dándome un cariz de princesa abandonada y desterrada. La música fue ensordecedora, y tus manos, hábiles, se desplazaron a ras de mi espalda, rozando mi voluptuosidad. Pero no me importaba, pues cada dedo que posabas en mi, era una señal de tu cercanía. Y es que a veces, dices sexo, cuando en realidad éste solo es la licencia, el permiso para besarte y abrazarte, para hacerte mio y ser tuya... Porque a veces necesitas disfrazar las palabras para conseguir el efecto deseado, la recompensa, cuando, en realidad, adorarías la sinceridad de no disfrazarlas...pero sabes que eso supone un adiós a destiempo, un dolor que aunque alejas terminará alcanzándote un día. Mientras tanto, sigo aquí, sola, triste, y cada una de mis lágrimas hablan de ti a la vez que recorren mis mejillas. Bienvenido seas desamor!
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